
Existe una percepción creciente de que Chile atraviesa por un período difícil. Las acciones de
diversos grupos de interés (camioneros, profesores, estudiantes, agricultores y exportadores, por nombrar sólo algunos), las declaraciones de líderes políticos (no sólo de la oposición) y los titulares de los diarios apuntan en esta dirección.
Por Eduardo Engel
Los indicadores de gobernanza que esta semana* publicó el Banco Mundial ayudan a entender la
causa de los problemas. Comparando estos indicadores durante el primer bienio del gobierno de Bachelet con el último bienio de Lagos arroja diferencias sorprendentes.
Año a año el Banco Mundial cuantifica la gobernanza de los países, entendida como "las instituciones y tradiciones mediante las cuales se ejerce la autoridad". Seis son las dimensiones de gobernanza que resume el Banco Mundial con sendos indicadores construidos a partir de opiniones de expertos y encuestas a diversos actores (ciudadanos, empresarios y líderes de opinión): voz y accountability, estabilidad política, efectividad del gobierno, calidad regulatoria, estado de derecho y control de la corrupción. Para cuatro de estos indicadores no hay diferencias significativas entre el primer bienio del actual gobierno y el último bienio del gobierno anterior. Para los restantes dos se observa un deterioro importante. Antes de continuar leyendo, desafío al lector a que indique los dos indicadores donde hubo un deterioro importante durante la actual administración.
Seguramente la mayoría incluyó "control de la corrupción" entre los indicadores donde hubo un
deterioro significativo. No es así. Durante los últimos dos años del gobierno de Lagos, el 90% de
los países lo hacía peor que Chile controlando la corrupción, es decir, Chile ocupaba el percentil
90. Durante los primeros dos años del gobierno de Bachelet, Chile sigue ocupando el mismo lugar.
¿Qué explica la brecha entre una percepción de corrupción creciente bajo este gobierno y la
realidad de una corrupción que no ha variado? Las encuestas sobre control de la corrupción
consideradas por el Banco Mundial miden las experiencias de corrupción de los encuestados,
filtrando los efectos de cambios en el énfasis con que los casos de corrupción son publicitados
por los medios. Al concentrarse en experiencias concretas más que percepciones, se puede evaluar lo que efectivamente sucede en este tema. Está claro, por ejemplo, que la Contraloría está
jugando un rol mucho más activo denunciando actos reñidos con la probidad, tanto a nivel del
gobierno central, como de los municipios, como de empresas públicas. Sin embargo, el mayor número de denuncias que esto trae consigo no refleja un incremento en los actos de corrupción
Los tres indicadores restantes en que no hubo cambios significativos son el estado de derecho,
la calidad regulatoria y la efectividad del gobierno. El primero y el segundo mejoraron
levemente (del percentil 86 al 88 y del 90 al 91, respectivamente) mientras que el tercero cayó
levemente (del percentil 87 al 85). En todos estos casos las imprecisiones de las fuentes de
información no permiten hablar de tendencia alguna: "empate estadístico" entre Bachelet y Lagos en estas dimensiones..
Los dos indicadores de gobernanza donde hubo una caída apreciable durante los primeros dos años del actual gobierno son estabilidad política y voz y accountability. Para estos indicadores
Chile bajó alrededor de 10 percentiles (del percentil 75 al 66 para el primero, del 88 al 77 para el segundo). Estos indicadores son los que más tienen que ver con la calidad de la política. En el caso de estabilidad política esto es evidente, en el caso de voz y accountability cabe notar que este índice mide, entre otros, en qué medida los ciudadanos pueden participar eligiendo sus gobernantes.
Los partidos políticos están en crisis. Todos. Falta transparencia en cómo eligen sus directivas y falta un sistema electoral que motive la participacion de los jóvenes. Los equipos políticos durante los primeros dos años de la actual administración -que son los años considerados por los indicadores de gobernanza publicados esta semana- fueron poco eficaces. La "teoría del desalojo" que se impuso en la derecha dificultó (y sigue dificultando) la buena gestión política. La teoría del "todo vale para seguir en el poder" que cada día es más popular en la Concertación tampoco ayuda.
"Es la economía, estúpido" decía un cartel en las oficinas del comando de campaña de Bill Clinton
cuando enfrentó al presidente George Bush en la elección presidencial de 1992. Bush se veía
imbatible al comienzo de la campaña, gracias a importantes éxitos de política exterior tales como el fin de la Guerra Fría y la liberación de Kuwait luego de la invasión iraquí. El genio de Clinton y sus asesores fue diagnosticar dónde estaba el talón de Aquiles de Bush -una economía débil producto de una recesión reciente- y concentrarse, con obsesión majadera, en este tema para ganar la elección
Los indicadores de gobernanza publicados esta semana sugieren que los problemas actuales de
Chile tienen su origen en la política, no en la economía. Es por lo tanto clave concentrarse en dónde están los problemas si se desea de verdad resolverlos.
*Columna publicada por Eduardo Engel, profesor de economía de la Universidad de Yale, en La Tercera el 29 de junio de 2008
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