Se habla de desánimo nacional, de falta de risa o de temor al ridículo, de seriedad heredada casi por genética, de soledades silenciosas de quien prefiere omitir al resto su calamidad económica
Por Luis Breull, Periodista
(ojalá transitoria) y pensar cómo cumplir con sus deudas en medio de empleos cada vez más volátiles o efímeros...Se habla de un invierno contaminado por nubes de smog y nubarrones de ipc plagándolo todo (combustibles, planes de salud, alimentos, servicios básicos), con horribles accidentes de tránsito y protestas estudiantiles, con más de un suicidio playero o en edificios citadinos, de parroquianos envueltos en un ir y venir de quejas frente a una administración que quiere y no puede, de un espacio institucional que avanza por la inercia de no saber desde ni hacia dónde...
Se piensa en un cambio para mirar las oportunidades en medio de la niebla, de prepararse para disfrutar de espectáculos nunca antes vistos a precios récord en el mundo, de construirnos como personas siendo medidos como consumidores (sea como buen o mal cliente), se nos convoca a dejar el letargo desde una elite que se disputa el poder con más culpa que orgullo, talento y oídos...
¿Qué es lo que nos pasa? ¿dónde quedó el ánimo exitista de un país que a vista de sus vecinos está mejor que el resto? ¿es así o es sólo un espejismo más del autoengaño nacional de ser lo que no somos?
Se fue a Beijing con la idea de no competir en los juegos olímpicos sino de darse por pagados sólo con el viaje... Triste contento. Un ciclista loco pensó que la meta era salir en la tele y no ganar la carrera. Así le fue. De los otros, sólo la plata alcanzada por el único representante nacional que compite hoy a nivel mundial salvó el bochorno.
Se vienen las Fiestas Patrias, la celebración de euforia cultural y etílica más democrática que tenemos (donde los sectores populares por única vez llevan la batuta en la participación), se viene una primavera precedida de esperanzas de mejor sexo y de relatos de eyaculadores precoces que quieren buscar mejorías, está por llegar el tiempo de las alergias y las flores, de un sol más cálido que permita pasar el frío de quienes se la pasaron en constantes ajustes recesivos a diestra y siniestra.
Se viene quizá -por último- un tiempo de buena espera, de oportunidades para reír de veras, de asumirse cada cual con sus taras y cualidades, de votar por los buenos y botar a los ineptos, de pasear de noche en manga corta con amigos para beber y conversar, de sepultar este tiempo invernal de revisar el email y el facebook antes de dormir para comprobar que no estamos solos en medio del agobio.
Mañana será otro día...


























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