Por Darío Diegues, profesor de derecho procesal Universidad de Lugo, España.
Estoy siguiendo desde la distancia el interesante debate que existe en Chile en relación con la modificación legal que implicaría la voluntariedad del ejercicio del derecho de sufragio activo y el voto de los chilenos residentes en el exterior; un país al que quiero, y que llevo visitando asiduamente desde hace diez años pues mi mujer es chilena, lo que me hace sensible a la posibilidad de que pueda decidir en igualdad de condiciones con sus compatriotas los destinos de su país.
He tratado de leer y analizar los distintos argumentos a favor y en contra de dicha propuesta, y, sinceramente, me llaman poderosamente la atención los utilizados por los contrarios a dicha reforma.
Cualquier debate de este calado puede ser defendible desde muy diversas posturas, y conlleva análisis más o menos "sesudos" o "academicistas" y prima facie se podría decir que son posturas razonables ambas. Sin embargo creo que el debate es mucho más sencillo que todo esto. He de adelantarles que mi posición es totalmente favorable al voto voluntario, no sólo por exclusión de los argumentos utilizados por los partidarios en contra, sino por propia convicción personal.
Creo que lo que subyace en el fondo es, hasta cierto punto comprensible en democracias jóvenes como la española o la chilena, un cierto miedo. Y este miedo es distinto según los posicionamientos ideológicos de los "contrarios" (llamemosles así). Desde posiciones conservadores y reaccionarias (fundamentalmente UDI y RN) resulta curioso como se argumenta por un lado a favor del voto voluntario y por otro lado muestra el rechazo a la aprobación del voto exterior. Máxime me llama la atención a quienes, supuestamente, defienden posturas liberales, y digo, supuestamente, porque se defienden dichos postulados siempre que no contradigan los propios intereses. Las sensaciones que me transmiten las declaraciones de los miembros más reputados de la derecha chilena son las del puro mercantilismo, la mera instrumentalización del voto, el mero interés propio, pero no me creo su mensaje. ¿Por qué su oposición al voto exterior? ¿De qué tienen miedo? ¿No son defensores de la libertad individual a ultranza? Me gustaría saber cuantos ciudadanos chilenos votantes de la derecha disfrutan de la doble nacionalidad y pueden votar y decidir en otros países, como la paradoja de mi mujer que vota en las elecciones europeas y francesas y sin embargo no puede votar en Chile, siendo además significativo reseñar que en España se está estudiando la firma con varios países, entre ellos Chile, para ofertar la posibilidad de que los chilenos residentes puedan votar en las elecciones municipales en España, de manera que se podría dar la circunstancia de que un chileno pueda votar en España, en Francia o en otro estado del que esté nacionalizado, en las Elecciones Europeas, y no pueda votar en su país. Creo que la derecha ha hecho los cálculos precisos y estadísticos, y concluyen que el voto exterior no le es favorable , y sí a la Concertación. Esto demuestra que su argumento es meramente interesado, y de nuevo renace el miedo a la democracia, a que la gente pueda decidir libremente su destino, sus gobernantes, a defender que hay ciudadanos de primera y de segunda clase.
Por otro lado, tenemos la gente situada en el espectro de izquierdas también contrarios a la aprobación del voto voluntario. Aquí de nuevo se traslucen ciertos "tics" ideológicos producto de ciertos dogmatismos que deben ser superados. Uno de los argumentos que escuché hacía referencia a una serie de riesgos, entre otros, que la predisposición a votar es mayor en los sectores de mayores recursos, o al aumento de la injerencia del dinero en la política, en definitiva, un riesgo de comercialización del voto. De nuevo, por parte de la izquierda, o de alguna izquierda, nos encontramos con el miedo, pero desde otra vertiente. El miedo a perder lo ya conquistado, con tantos años de lucha por la democracia. Esta actitud me parece en exceso paternalista. Primero, se parte de una premisa que me parece una barbaridad, y es que el político es esencialmente corrupto, y que la ingerencia del dinero implicará una distorsión en los procesos electorales. Me niego a estigmatizar a quienes se dedican a la vida pública. Creo en la política y en los políticos, y el arma más potente de que dispongo es el derecho de sufragio para que defiendan lo que yo entiendo es justo y mejor. Y si esos políticos se apartan de su deber cívico como representantes públicos serán expulsados por quien ejerza el voto soberanamente. Por otro lado me niego a pensar en que unos sectores son más o menos propensos a votar. Lo que sí puede haber es sectores más o menos desencantados con los candidatos. Y tan legítimo es quien vota por un candidato de derechas, como uno que vota por la izquierda, como por quien vota en blanco, como por quien no vota. Si los Partidos Políticos se preocupan de la gente que no acude a votar, o que vota en blanco, lo que deben hacer es «ponerse las pilas» y empezar a trabajar para hacer propuestas ilusionantes e incentivar y convencer a la gente. Derecho de voto y ciudadanía son cara y cruz de una misma moneda. Ciudadano o ciudadana es quien puede participar plenamente en la vida de una comunidad política y, en una democracia representativa como la chilena esa participación se ejerce principalmente a través del derecho de voto, cuyas condiciones de ejercicio vienen determinadas por el régimen electoral. El régimen electoral debe habilitar la participación de los ciudadanos, traducir su voluntad en escaños lo que legitimará democráticamente las decisiones de los diversos poderes públicos del Estado. La conclusión final es que el Pueblo es Soberano, y Sabio, así que Srs. Políticos, no tengan miedo de él, no tengan miedo a que la gente decida, ganense su confianza y ganarán todos, pero sobre todo respeten su inteligencia. Les votarán si les convencen sus propuestas, y no en caso contrario.

























La discusión esta en Giro
hace 6 días
hace 6 días
hace una semana