
Por Julio Sarmiento
No hay ninguna duda de que el movimiento estudiantil está en un gran bache. No existe la efervescencia de años anteriores ni se ve a un estudiantado vibrando a la vos de sus dirigentes universitarios. Se especula mucho sobre el origen, buscando responsables a todo nivel, desde la decadencia de la sociedad del msn, el fotolog y el facebook, pasando por la siembra conciente de apatía y conformismo hasta caer en la necesidad de hacer algo distinto que llame la atención del esquivo sujeto histórico según los más posmodernistas.
El debate no se centra solo a nivel de política universitaria, sino que aflora en la pregunta de ¿por que el pokemón? o ¿donde están los pingüinos? Pero en nuestro ámbito universitario las opiniones afloran luego de presenciar asambleas semivacías y redundantes en el tema de la falta de información o al momento de discutir la necesidad del quórum o incluso la pertinencia y representatividad de la organización estudiantil.
Respecto a las causas las opiniones coinciden principalmente en dos elementos: la decadencia de la dirigencia estudiantil y la elitización dentro de la universidad.
Lo segundo es mas bien una hipótesis, levantada sobre el hecho de la cada vez mayor concentración de alumnos de estratos socioeconómicos acomodados, los que a juicio de algunos no tendrían la sensibilidad social de los alumnos de antes, ni tampoco el compromiso o el deseo de participación de quienes quieren cambiar la sociedad por sufrir sus contradicciones en carne propia. Pero aun no comprobada en el sentido de que nadie puede decir que por eso sean incapaces de generar conciencia crítica, siendo preciosamente en la conciencia donde se genera el deseo de cambio y la motivación de ser sujeto activo de este.
En cuanto a la decadencia de la dirigencia estudiantil nos encontramos con un fenómeno independiente del carácter del sujeto universitario, pero retroalimentado en el comportamiento e intereses de este. Resulta que no es ningún mérito hoy en día que un estudiante sea buen dirigente. La admiración por quienes conducen movimiento, manejan conceptos o desarrollan excelentes cualidades oratorias ha sido sustituida por el escepticismo y la incomprensión. Para el estudiante común es un elemento raro el dirigente universitario ¿Por qué dice esas cosas?, ¿por que mejor no estudia? ¿Por qué usa esos términos arcaicos? solo por citar algunos comentarios de pasillo.
¿Qué motivación tienen entonces los alumnos para interesarse en formarse como dirigentes universitarios? ¿habrá que esperar solo por los lideres natos? ¿Existe la posibilidad de un recambio generacional que renueve las fuerzas? Poca incertidumbre dejan las respuestas.
Tenemos una clase dirigencial estancada en su recambio generacional, desgastada en demandas incumplidas y movimientos apagados con el mismo ímpetu con el que se iniciaron. Tratando de convencer a una comunidad de que la organización funciona, de que las demandas son justas y de que con la unidad, la masividad y el compromiso se logran cambios sociales. Nadando contra la corriente de individualismo que impulsa la televisión, la farándula y la academia ortodoxa de docentes defensores del estudio como fin en si mismo; perdidos sin remedio frente a la aplastante correlación de fuerzas.
No existen incentivos para la participación y mucho menos para la responsabilidad de asumir la conducción de un movimiento que se da por perdido casi de facto. No hay retroalimentación para los que llevan años probando alternativas de solución y existe la percepción de que ya todo se hizo y aun así fracasó.
Con todo esto se configura un escenario difícil de superar aun con el sujeto histórico más idóneo. Son carentes de sentido las convocatorias abiertas y los llamados a participación, cayendo las buenas ideas e iniciativas frescas en el circulo vicioso de la frustración. Sin nadie más que estos desgastados dirigentes para llevar acabo todas las actividades se dejan de lado las estrategias más efectivas por creerse estériles frente a tan indolente público, y se siguen usando los mismos métodos de probados facazos solo por el hecho de que nadie se acerca a asumir responsabilidades y hacerse cargo de conducir las ideas nuevas.
¿Cómo rompemos este círculo? Seguramente no será con la aparición de algún iluminado que a fuerza de carisma e inteligencia logre movilizar al universo estudiantil ahora inerte, tampoco será el despertar de una idea nueva o algún pensamiento exótico de una mente brillante que se encontraba oculta. Los cambios no vendrán desde arriba de quienes creen tener las respuestas a todo, porque no está en estas respuestas la génesis del problema. Si vamos a superar este oscuro capítulo en el movimiento estudiantil, será desde abajo, del despertar de aquellos que dan sustento y sentido a los discursos, de la capacidad de estos de renovar las filas de voceros y representantes, de hacer sentir su inconformidad por encima de la burocracia que ahora reina en las organizaciones. Cuando partan de los estudiantes las pautas de los que se hagan cargo de defenderlas y representarlas y se logre invertir la lógica del dirigente motivando a los indiferentes para volver a la de los dirigentes encabezando movimientos de estudiantes concientes y preparados.

























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