Por Juan Forch, consejero Giro País
Vengo aterrizando.
Y me encuentro en Chile con un escenario político totalmente distinto al de hace un mes atrás.
¡Oh, sorpresa!
Un nuevo candidato presidencial se está encaramando con una vitalidad inusitada en las preferencias de los electores, en las encuestas (válidas o a la birulí), en las conversaciones y hasta en los medios de comunicación.
Acapara la atención, preocupa, pone nerviosos a los demás actores, aparece en cada noticiero de TV, en cada noticiario de radio, obtiene portadas de la prensa plana, va de boca en boca, se trepa entre los tres primeros en una semana, su rostro se hace conocido aceleradamente, usa un lenguaje que la gente entiende, argumenta con una lógica irrebatible que sorprende y encarna a una generación joven que todos (TODOS) andaban buscando y tratando de aguijonear (de la boca para afuera, al menos).
Un candidato presidencial autodesignado que comienza a interpretar a muchos (¿demasiados?, ¿demasiadas?) que hasta hoy estaban muy alejados de la política. Y claro, porque veían siempre los mismos argumentos y los mismos rostros, lo que les anunciaba las mismas propuestas.
Y a este candidato lo llaman "el factor Marco".
Y a mí (que como aclaro al principio, vengo aterrizando) me parece un FENÓMENO.
Pero no me extraña. "factor" me suena a matemáticas, a aritmética, a algo externo, a menosprecio, a molestia, a incomodidad. Siento voces añejas que piensan, sienten, presienten: ¿Y éste qué se ha creído? ¡Teníamos todo tan bien organizado y calculado y viene éste a revolver el gallinero! ¡¿Qué se ha creído?!
Y escucho el sutil ruido de los botones de las calculadoras sumando y restando, sacando raíces cuadradas (sí, cuadradas; y a lo más, cúbicas) y ponderando y tasando y creando escenarios electorales y evaluando a quién le quita más... Y a quién le pone. En definitiva... a quién le sirve.
¡Qué miopía!, reflexiono.
Las teclas de suma y resta, es cierto, puede que sean útiles para la política electoral, para "el factor".
Pero la que está creando sus traumas y desvelos, estimados y viejos amigos y adversarios, es la tecla de la multiplicación: el FENÓMENO MARCO.
¿Querían incorporar a los jóvenes a la política? Ahí tienen el naranjo florido que está comenzando a dar frutos.
¡Es un FENÓMENO, che!, diría cualquier argentino.
(Continuará...)

























El fenómeno
Razones tiene el amigo Forch. No es mucha la gracia tampoco; se dedica a eso. Lo que queda claro al final es una cosa: la gente siempre se las arregla en democracia para hacer oír su voz (en no democracia también, pero es más difícil y peligroso).
Porque una cosa es que el fenómeno Marco se ponga a decir ocurrencias y otra es que marque más de 10 puntos en las encuestas. Si le sonó la flauta —y le sonó fuerte— es porque había una caja de resonancia enorme que estaba esperando ese sonido.
Bien por Marco. Mejor por los resonantes. Ahora, la cosa no se viene fácil. El joven mancebo ha sabido interpretar, lo cual es un grande y raro talento. Pero eso no se puede quedar allí. La clave es la propuesta.
Ahora tendremos que ver cómo les sube la apuesta a los Océanos y los Tantaucos. Si lo logra, se fregaron todas las calculadoras y tendrán que inventar unas nuevas con una teclita que se llame "gente". Porque ese es el factor que actualmente les está quedando fuera del cálculo a los avezados ingenieros electorales.