Por Juan Forch, consejero Giro País
Las empresas encuestadoras son como las sastrerías: hacen trabajos a la medida.
Y la encuesta CEP demuestra fehacientemente que esta regla se cumple aquí y en la quebrada del ají.
Presenta problemas metodológicos serios. Y para muestra baste un botón: demoraron 21 días en encuestar a 1.505 personas. Es decir, un promedio de 72 personas diarias.
En esos 21 días ocurrieron hechos relevantes en el país y el mundo. Por lo tanto, las respuestas de los 72 entrevistados del día uno no son comparables con ni acumulables con las respuestas de los 72 del día veintiuno.
Se dice -acertadamente- que las encuestas son una "fotografía" de la percepción de realidad de un determinado universo en un momento definido. En este caso estamos frente a un "video". 21 días para 1.505 encuestas son una eternidad.
¿Qué podemos obtener como información certera de la encuesta CEP?
Muy poco.
1.- Qué es lo que al CEP le interesa encuestar.
2.- Qué datos el CEP quiere hacer públicos.
3.- De qué manera el CEP quiere influir en la política chilena en este momento.
4.- Cuáles son los beneficios que el CEP desea obtener al publicar su encuesta.
Todo el resto no tiene validez alguna. Constituye sólo anécdota.
Las encuestas públicas tienen la importancia de ser públicas y se debe analizar de qué manera ellas influyen en la opinión pública. Eso es todo. Y, mirado de esta manera, no deja de ser importante.
Las campañas de los candidatos deben hacer sus propias encuestas para averiguar lo que necesitan saber. Desde el diseño muestral, el cuestionario, la supervisión del proceso y hasta el análisis de los datos. Y sus resultados deben constituir información estratégica interna con la cual se puede diseñar escenarios y tomar decisiones.
Cuando una campaña toma en consideración los datos de las encuestas públicas, comienza a depender de lo que los "otros" -muchas veces sus adversarios- quieren hacerle creer. Y el destino no es otro que el descalabro de cualquier estrategia.


























Las encuestas, asunto de fe.
Mi impresión —y mi experiencia— me indican que una parte importante de la credibilidad de las encuestas es otorgada por la misma opinión pública. No existe encuesta perfecta (a lo mejor las elecciones y el censo, que no son encuestas en sí).
Las hay mejores que otras. En el caso de CEP, su método de campo es bastante particular. A diferencia de Forch, no creo que transforme la fotografía en video. Más bien me parece una animación cuadro a cuadro, así como esas que uno hacía con hojitas de papel para crear una ilusión de movimiento.
Pero aún las encuestas hechas con la mejor intención tienen un sesgo y es ahí donde se apela a la buena fe. O a la fe a secas. Ahora, si alguien decide tener fe en las afirmaciones hechas por los adversarios... ¡Es raro! ¿No les parece?