La Concertación que
conocimos se terminó el 17 de Enero. En medio de un tono de ruda crítica a sus partidos y dirigentes, me
atrevo a rendirles un homenaje. Dieron gobernabilidad a cuatro gobiernos que hicieron posible dar un nuevo rostro a
nuestro país, ampliar su democracia y las oportunidades de los chilenos,
disminuir la pobreza, hacer de Chile un país
infinitamente mejor que hace veinte años.
Así lo reconoce la mayoría de los chilenos,
aún aquellos que no le dieron su apoyo para seguir gobernando. Por eso las pasadas de cuenta que están
dominando la escena de estos días, son inconducentes y no van al fondo de la explicación acerca de
por qué perdimos, quedándose sólo en sus síntomas. El problema es que con el
tiempo, el país fue cambiando y el proyecto común inicial se fue desdibujando,
surgiendo los personalismos y las disputas internas. Por otra parte, la Concertación en su
conjunto, no fue capaz de reconocer ni
entender al hijo que parió.
La sociedad emergente no se sintió
interpretada por el discurso predominante, así como dentro de los partidos no hubo suficiente convicción respecto del
modelo de desarrollo impulsado. El más
claro ejemplo es el de la educación. Cuando un 70% o más de jóvenes estudiantes
en la educación superior son primera generación de su familia en acceder a
ella, no fue coherente un discurso
centrado sólo en la educación pública.
Tampoco resuena en la gente que
siente que vive en un país que está progresando y que valora su propio esfuerzo para salir adelante, que le ofrezcan
como gran propuesta cambiar la
Constitución, en circunstancias que lo que requiere es
estabilidad y apoyo para su propio emprendimiento. Añádase a ello el ingreso de
un electorado joven que, con la aprobación
de la inscripción automática se
incorporará al padrón electoral. ¿Quién
los interpretará? El futuro es incierto. Los incentivos son mucho menores para
que la Concertación
se mantenga unida en la oposición que en el gobierno. Así mismo, las demandas de renovación y las apelaciones a la
unidad del “progresismo”
hasta ahora parecen consignas sin contenido. ¿Qué vamos a entender por
renovación y progresismo? Si el
progresismo consiste en libertad para los llamados temas valóricos y estatismo
para los económicos; si progresismo significa dejar al margen al centro
político que representa la Democracia Cristiana, el fin de la Concertación será definitivo.
En ese sentido, la nueva Concertación dependerá
en gran medida de la construcción de un diagnóstico común respecto de
las aspiraciones de la sociedad de hoy y
de la forma en que conjuguemos esas aspiraciones con los valores de defensa de
la dignidad humana, libertad y justicia social que nos han hecho caminar juntos
en estas últimas décadas. Es decir,
diagnóstico compartido y un nuevo proyecto común. Para hacerlo será útil estar en la oposición. Tal vez ello nos
permita recoger el optimismo y la pujanza que predomina en la sociedad chilena
y que en esta elección no fuimos capaces de interpretar.
La Concertación que
conocimos se terminó el 17 de Enero. En medio de un tono de rudacrítica a sus partidos y dirigentes, me
atrevo a rendirles un homenaje. Dieron gobernabilidad a cuatro gobiernos quehicieron posible dar un nuevo rostro a
nuestro país, ampliar su democracia y las oportunidades de los chilenos,
disminuir la pobreza, hacer de Chile un paísinfinitamente mejor que hace veinte años.Así lo reconoce la mayoría de los chilenos,
aún aquellos que no le dieron su apoyo para seguir gobernando. Por eso las pasadas de cuenta que están
dominando la escena de estos días, son inconducentes y no van al fondo de la explicación acerca de
por qué perdimos, quedándose sólo en sus síntomas. El problema es que con el
tiempo, el país fue cambiando y el proyecto común inicial se fue desdibujando,
surgiendo los personalismos y las disputas internas. Por otra parte, la Concertación en su
conjunto, no fue capaz de reconocer nientender al hijo que parió. La sociedad emergente no se sintió
interpretada por el discurso predominante, así como dentro de los partidosno hubo suficiente convicción respecto del
modelo de desarrollo impulsado.El más
claro ejemplo es el de la educación. Cuando un 70% o más de jóvenes estudiantes
en la educación superior son primera generación de su familia en acceder a
ella, nofue coherente un discurso
centrado sólo en la educación pública.Tampoco resuena enla gente que
siente que vive en un país que está progresando y que valora su propioesfuerzo para salir adelante, que le ofrezcan
como gran propuesta cambiar la
Constitución, en circunstancias que lo que requiere es
estabilidad y apoyo para su propio emprendimiento. Añádase a ello el ingreso de
un electorado jovenque, con la aprobación
dela inscripción automática se
incorporará alpadrón electoral. ¿Quién
los interpretará? El futuro es incierto. Los incentivos son mucho menores para
que la Concertación
se mantenga unida en la oposición que en el gobierno.Así mismo, lasdemandas de renovación y las apelaciones a la
unidaddel“progresismo”hasta ahora parecen consignas sin contenido. ¿Qué vamos a entender por
renovación y progresismo?Si el
progresismo consiste en libertad para los llamados temas valóricos y estatismo
para los económicos; si progresismo significa dejar al margen al centro
político que representa la Democracia Cristiana, el fin de la Concertación será definitivo.
En ese sentido, la nueva Concertación dependeráen gran medida de la construcción de un diagnóstico común respecto de
las aspiraciones de lasociedad de hoy y
de la forma en que conjuguemos esas aspiraciones con los valores de defensa de
la dignidad humana, libertad y justicia social que nos han hecho caminar juntos
en estas últimas décadas.Es decir,
diagnóstico compartido y un nuevo proyecto común.Para hacerlo será útilestar en la oposición. Tal vez ello nos
permita recoger el optimismo y la pujanza que predomina en la sociedad chilena
y que en esta elección no fuimos capaces de interpretar.
Siempre lúcida, es un agrado escuchar palabras sensatas cuando hay tanto discurso vacío dando vueltas. Sólo apuntar algunos temas que me parecen fundamentales también para que la Concertación se reinvente. Una materia central: volver a trabajar con la gente, regresar a las calles, a las casas de las personas, a hacerse presente y palpar y dialogar con este Chile que es su hijo, pero que le resulta esquivo. Las elecciones son el lenguaje directo de la ciudadanía. La lectura no es dificil, el esfuerzo está en encontrar la respuesta y saber si somos capaces de darla.
Comparto el que es fundamental un diálogo abierto, sincero, que no se agote en reproches, para volver a encantar y a encantarnos con un sueño diferenciador sobre el Chile que queremos y que dé muestras claras del tipo de país, de políticas y de espacios que forman parte de los valores esenciales que nos representan y que nos permiten afirmar -a ciencia cierta- que no da lo mismo quien gobierne.
Los políticos que hoy aparecen como jóvenes, aunque ya no lo son tanto, deben asumir de una vez por todas su liderazgo -con los costos y beneficios que ello conlleva- sin esperar ungimientos, ni padrinos o madrinas, porque de otra forma la historia puede pasar de largo y aún estarán esperando el momento más apropiado.
Se deben también reforzar los centros de pensamiento, no para investigaciones de largo aliento, sino para los temas del hoy, para apoyar los planteamientos de esta oposición, que deberá dar testimonio de que lo que ocurrió el 17 de enero no nos ha dejado indiferentes y que somos capaces de sostener un planteamiento claro y de futuro, resguardando todo lo bueno que hasta ahora hemos construido.
Muy bueno el diagnóstico. Mientras en estos 20 años se fomentó el emprendimiento y la superación personal, apareció el candidato Frei hablando de "más estado" y haciendo pacto con el PC. Esta contradicción vital no tiene ningún asidero. No me puedo imaginar una estrategia más mala para querer ganar la presidencia.
Más bien la concertación tiene que agradecer que no perdió por goleada a pesar de los: transantiagos, EFE, Chiledeportes, jarrones, etc. etc.
Por Eduardo Engel, Profesor de Economía Universidad de Yale. Consejero Giro País.
Vía: La Tercera-Reportajes. 28 de mayo, 2011.
Michael Porter, el célebre gurú del management que visitó Chile recientemente, asesoró al gobierno de Muammar Gadafi entre los años 2004 y 2007, redactando un informe en el cual describió al gobierno libio como democrático, no una, sino varias veces. El mismo Gaddafi que antes de estas asesorías llevaba décadas subyugando a su pueblo, que según Amnistía Internacional ordenó la ejecución de 25 críticos a su régimen por todo el mundo y que afirmó que todo aquel que funde un partido
Por Eduardo Engel, profesor de Economía de la Universidad de Yale. Consejero Giro País.
Vía: La Tercera
Las políticas económicas seguidas por el gobierno de Cristina Fernández desafían muchas de las convicciones más profundas que tenemos la mayoría de los economistas. Remoción del presidente del Banco Central cuando se niega a traspasar seis billones de dólares en reservas al gobierno, expropiación de los fondos de pensiones con objeto de allegar más de cuatro billones de dólares cada año a las arcas fiscales, hostigamiento de medios opositores y de empresas extranjeras, fijación de precios, adulteración de cifras de inflación y crecimiento,
Concertación
Siempre lúcida, es un agrado escuchar palabras sensatas cuando hay tanto discurso vacío dando vueltas. Sólo apuntar algunos temas que me parecen fundamentales también para que la Concertación se reinvente. Una materia central: volver a trabajar con la gente, regresar a las calles, a las casas de las personas, a hacerse presente y palpar y dialogar con este Chile que es su hijo, pero que le resulta esquivo. Las elecciones son el lenguaje directo de la ciudadanía. La lectura no es dificil, el esfuerzo está en encontrar la respuesta y saber si somos capaces de darla.
Comparto el que es fundamental un diálogo abierto, sincero, que no se agote en reproches, para volver a encantar y a encantarnos con un sueño diferenciador sobre el Chile que queremos y que dé muestras claras del tipo de país, de políticas y de espacios que forman parte de los valores esenciales que nos representan y que nos permiten afirmar -a ciencia cierta- que no da lo mismo quien gobierne.
Los políticos que hoy aparecen como jóvenes, aunque ya no lo son tanto, deben asumir de una vez por todas su liderazgo -con los costos y beneficios que ello conlleva- sin esperar ungimientos, ni padrinos o madrinas, porque de otra forma la historia puede pasar de largo y aún estarán esperando el momento más apropiado.
Se deben también reforzar los centros de pensamiento, no para investigaciones de largo aliento, sino para los temas del hoy, para apoyar los planteamientos de esta oposición, que deberá dar testimonio de que lo que ocurrió el 17 de enero no nos ha dejado indiferentes y que somos capaces de sostener un planteamiento claro y de futuro, resguardando todo lo bueno que hasta ahora hemos construido.