
Por Eduardo Engel, Profesor de Economía Universidad de Yale. Consejero Giro País.
Vía: La Tercera-Reportajes. 28 de mayo, 2011.
Michael Porter, el célebre gurú del management que visitó
Chile recientemente, asesoró al gobierno de Muammar Gadafi
entre los años 2004 y 2007, redactando un informe en el
cual describió al gobierno libio como democrático, no una,
sino varias veces. El mismo Gaddafi que antes de estas
asesorías llevaba décadas subyugando a su pueblo, que
según Amnistía Internacional ordenó la ejecución de 25
críticos a su régimen por todo el mundo y que afirmó
que todo aquel que funde un partido
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ES necesario ler la acertadisima ...
ES necesario ler la acertadisima reflexion de FErnando Villegas, aparecida en La Tercera del 2 de marzo, acerca de lo que hay detras de actitudes como los saqueos indiscriminados ocuridos en el Sur par comprender a acablidad que, mas alla de la reconstrucion material del pais, urge una reconstrucion moral de Chile tras 20 años de socavamientos sistematicos de la COncertacion en este delicado aspecto, que ha emergido en su real magnitud con esta catastrofe:
"El terremoto del sábado ha sido
un evento devastador, pero también
revelador. Ha sacado a la luz debilidades
acumuladas a lo largo de años
en el completo edificio de nuestra
sociedad, frutos venenosos de políticas
-públicas y privadas– y de procesos
sociales cuyas semillas se sembraron
a partir de 1973, se abonaron
en los años sucesivos y se regaron
generosamente desde 1990. El resultado
es una mezcla explosiva de
aspiraciones adquisitivas con una
distribución del ingreso que impide
a muchos satisfacerlas y de dos
generaciones de chilenos pobres -
padres entre 25 y 40 años, hijos de
entre 10 y 20– criados casi sin control
parental ni escolar. A ese combustible
se agrega como comburente
la hegemonía ideológica de las doctrinas
acerca de los derechos humanos,
las cuales en muchos casos -
legales, judiciales, etc– han sido llevadas
a tales extremos de lenidad y
obsecuencia, que entorpecen gravemente
la determinación o voluntad
del Estado para preservar el orden
público.
De esto último han sido muestra
los saqueos masivos. Para describirlos,
la autoridad ha usado un lenguaje
eufemístico hablando de
“delincuentes” y de “lumpen”. Eso
de por sí ya sería bastante malo,
pero los videos y fotografías revelan
algo aun peor: protagonistas han
sido también y en número abrumador,
gente común y corriente, la
clase de personas con las cuales
usted puede toparse en su oficina o
La pistola al cuello
en el bus. En una sociedad sana, el
pillaje queda reducido a la acción de
delincuentes y también de los ciudadanos
más marginales; una sociedad
enferma, en cambio, revela lo
que vimos, a saber, no sólo que
dichos delincuentes y vándalos son
legión, sino que también hay cero
autocontrol por parte de muchos
ciudadanos y cero eficacia de la
fuerza policial para controlarlos por
mera presencia.
¿De qué extrañarse respecto a
esto último? Por 20 años la
Concertación no hizo sino debilitar
el concepto mismo de “orden público”,
expresión que a oídos de su
gente suena a cavernaria opresión
“del pueblo”. Todo acto de autoridad
rigurosa se convirtió, en ese período,
en tabú. En el colegio se deterioró la
autoridad de profesores y directores,
quienes quedaron a merced de un
alumnado dotado de infinitos derechos;
en la calle se acusó una y otra
vez a la fuerza pública de “excesos”,
tanto en tribunales como en la
prensa, cada vez que encaró con
decisión ataques incluso letales contra
sus miembros; en el discurso de
muchos se legitimó abierta o tácitamente
a los “combatientes” con tal
que dijeran representar una causa
justa; en la justicia se trató con lenidad
a asesinos políticos si acaso su
background era “la lucha contra la
dictadura”; en fin, siempre hubo
razones para justificar la conducta
antisocial haciendo de sus hechores
víctimas inocentes “del sistema”.
¿A qué asombrarse entonces que
grupos masivos de ciudadanos se
crean hoy con derecho al pillaje si se
da la oportunidad? ¿De qué pasmarse
ante el infantilismo, convertido
rápidamente en agresión, con que
algunos piden “soluciones” en cinco
minutos puesto que fueron criados
bajo la doctrina del Estado paternalista,
único salvador y defensor de
los pobres, como todavía se dijo en
la reciente campaña presidencial?
Por eso la imagen del carabinero
poniendo una pistola en el cuello de
uno de los miserables entregados al
pillaje es una notable excepción,
pero también una muestra de hasta
dónde es preciso llegar cuando
métodos menos elocuentes ya no
hacen mella. Y es una valiente
excepción, porque hace ya mucho
tiempo que el carabinero teme
siquiera levantar la voz, no sea que
le abran un sumario, se le eche del
servicio y se le lleve a juicio. De eso
es muy consciente la inmensa cantidad
de ciudadanos resentidos, frustrados
y llenos de instintos destructivos
y depredadores que ha criado
el sistema por las razones expuestas
más arriba. Se sienten con esa sensación
de derecho a cometer delitos
que otorga la impunidad. ¿“Por qué
yo no”, dijo una mujer que se llevaba
objetos robados de una tienda, “si
lo hacen todos? Y pudo haber agregado:
“y nada nos va a pasar porque
somos el pueblo”. De ahí que sea la
sociedad, no ese punga, quien está
hoy con la pistola al cuello. Y que,
en la hora mona, deba sacarse al
Ejército a la calle."