
Acordemos ciertas premisas: el lenguaje crea o –al menos- modifica realidades. Nadie puede asegurar que son ficticias, pero sí parcializadas.
Basados en este
razonamiento, las críticas a la forma en que
Esto porque mientras los canales de Tv se abocaron a mostrar un Chile sumergido en desorden, miedo y saqueos –que si bien sucedían, eran sólo una visión parcializada de lo que ocurría en el país- en las web 2.0 se privilegió la ayuda y solidaridad.
Sorprendidos por esta contraposición de dos sistemas comunicacionales y de la irresponsabilidad profesional, quisimos hablar con Julio Osses, Periodista, Asesor de Contenidos y especialista en Redes Sociales, para que nos explique cuáles son las principales razones de esta bifurcación informativa:
-¿Dónde radica la principal diferenciación al tratamiento de
la información?
En inmediatez y libertad de análisis crítico de otros
medios. Es difícil hacer un juicio de valor en lo que ha sido la gestión de
-¿Cuál es la principal función que han cumplido las redes?
Amplificó el boca a boca, las señales de humo, llegar cuándo otros medios no
han podido llegar. Al ser un medio "caliente", las redes sociales han
tenido la efectividad de la escala humana. Han sido el diario mural de la
sociedad chilena, corriendo la voz de gente desaparecida, supermercados
abiertos, etc. Insisto en que esto da pie a la infoxicación, especialmente en
lo que fue aterrorizar con noticias de saqueos que nunca existieron.
-¿A qué se debe esta diferente “visión”?
A que el periodismo perdió para siempre un intermediario entre la noticia y el
ciudadano. Ahora el ciudadano puede elegir ser su propio medio o confiar en que
los medios tradicionales harán la labor necesaria para informar.
-¿Cuál ha sido el mayor error de los noticieros?
La falta de templanza. Los casos de Canal 13 y Chilevisión
han sido sintomáticos. En la estación católica, los primeros reportajes fueron
estilo testimonio de Teletón, privilegiando la emocionalidad fácil antes que la
información. Lentamente encontraron un punto de vista adecuado, más informativo
y funcional. Lo de Chilevisión fue, en cambio, serio. Un caso que seguro
servirá de precedente para estudio. Cuando comenzaron los primeros saqueos en
Concepción, la pantalla de ese canal privado dedicó largas horas a
transmitirlos en vivo en directo. Allí la noticia pura y dura pasó a ser carne
de reality TV. Si radicalizamos la crítica, deberemos preguntarnos si esa
decisión editorial no sirvió para envalentonar actos violentos posteriores.
Además, se entrevistó en el mismo contexto a damnificados que válidamente
reclamaban provisiones para sus familias, sin hacer diferencia con los
violentistas. En buen chileno, se echó en mismo saco a flaites y damnificados.
-¿Qué parte de esta “sicosis” es responsabilidad de los
medios de comunicación?
El lenguaje construye realidades. De eso no hay duda. Si los
medios no son capaces de contextualizar la información, están haciendo reality
TV, no noticiero.
-¿ La desinformación y caos que se transmite es
responsabilidad de los periodistas editores?
Según jerarquía, claro que si. Pero también están los
ejecutivos de los canales, guardianes últimos de las líneas editoriales. En una
programación especial dedicada 24 horas a informar, el director de prensa y los
editores obviamente bajan de grado en el organigrama y pasan a depender de
directores ejecutivos. Pero ojo, que no es posible presumir dolo. Hemos visto a
periodistas que se han quedado jornadas de 12 horas en sus medios, informando.
Esos son héroes de esta crisis.
El principal cáncer de la cobertura post-desastre ha sido la falta de
autocrítica. Un periodista que defiende una mala decisión editorial, que actúa
en patota, se hace cómplice. Es en este tipo de crisis donde los profesionales
de la información deben sacar a la luz su autonomía ética.

























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