
A más de una semana del cataclismo, es hora de comenzar a dilucidar ciertos desafíos que las autoridades entrantes deberán sortear. Un país dañado, más de dos millones de personas afectadas y cientos de miles de hogares desaparecidos, obligan a replantear un programa presidencial que necesita financiamiento.
¿Eliminar políticas públicas? ¿Endeudarse con la comunidad internacional? ¿Trabajar los ahorros en el exterior? ¿Recortes a los programas? Las soluciones aún no están claras, este 11 de marzo comenzaremos a ver los lineamientos que el nuevo gobierno tomará. Lo cierto es que el desafío no es sólo reconstruir sino reformar un país entero y ahí comienzan a nacer las legítimas diferencias.
Por ahora nos queda confiar que este sentimiento de unidad, que alberga a la política nacional, siga trabajando a favor de un chile caído, pero con ganas de levantarse.


























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