Por: Julio Osses. Periodista, Especialista web 2.0.
"Bichos que crecen alto como enredadera
y asi van enredando moda, canto y moneda
intelectualizando al personal distinguido
del gusto quinceañero y comprador compulsivo"
(Extracto de "El Reino de los Ciegos", Alejandro Filio)
Dejemos para otro día el debate de si era Fito el más indicado para vociferar
que el Emperador de la trova fácil estaba desnudo. Treinta y cinco Luna Parks
para Arjona, y dos para Charly son cifra suficiente para que el discípulo más
aventajado del bicolor bigotudo ponga el nombre del maestro en ristre, y lo
enarbole como desolador botón de muestra de algo que sabemos bien, pero no
hallamos el momento adecuado para discutirlo: Si la gente consume
entretenimiento regurgitado y pasado por cedazo es porque les resulta leve,
indoloro.
Que mala obra la de Arjona. No sólo su discurso es monotemático, ramplón y
obvio hasta lo bobito (bastó vender unos cientos de discos más para que su
crítica a la religión sucumbiera ante mil-y-una-danzas-de-cortejo-
Evidencia 1:
"Tu reputación
son las primeras seis letras de esa palabra
llevarte a la cama era más fácil que respirar
tu teléfono es de total dominio popular
y tu colchón tuene más huellas
que una playa en pleno verano"
(de "Tu reputación")
Bien. Contenga la respiración, que aquí viene
una más.
"Cuando fue la ultima vez que viste las
estrellas
con los ojos cerrados
y te aferraste como un náufrago a la orilla
de la espalda de alguien".
(De
"Cuándo")
A ver: Podríamos hacer análisis de
contenido. Censurar a un tipo que cree que si a una mujer no la machacan hasta
hacerla ver estrellas, no es feliz. Y, por otro lado, si ha tenido suficiente
de castigo amatorio, su reputación se reduciría a aquella empelotante hipérbole
alusiva al antiguo oficio del cariño sin besos.
Pero sostengo una pequeña teoría: Lo que nos
molesta del halterofílico guatemalteco tiene menos que ver con su oficio, que
con su actitud.
Arjona se la cree. Y eso es dramáticamente
irritante.
Vaya a saber uno si es el chaqueteo del transeúnte
no invitado a la fiesta. Puede ser. Más de algún rompefilas dice que Fito
respira por la herida. No me consta. Hasta el peor momento artístico del
rosarino, debería ser estudiado con lupa por el morenazo trovadorcillo, porque
comparables no son. Ni en bajada. Para nada.
La determinación de Arjona puede provenir del
sagrado derecho neoliberal de mercado a defender su boliche. Ok, quiénes somos
para perjudicarle el pecunio a tan distinguido comerciante.
El problema es que el derecho del consumidor melómano
debería incluir una cláusula de probidad: "El artista no podrá creerse más
de lo que realmente pesa su obra".
La mortandad sería alta sin duda.
Yo, que prefiero mantenerme al margen de
mezquindades y Olimpos critico-musicales, opto por otorgarle al pobre Arjona -
el de la trova fácil, sudor por litro, romanticismo viperino, mirada ganosa y
tostado imperecedero - el samaritano beneficio de la duda:
Tal vez no se hace. Es.

























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