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<pubDate>Thu, 09 Feb 2012 22:08:08 -0300</pubDate>
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<title>Chile: el vértigo.</title>
<link>http://www.giropais.cl/content/view/713768/Chile-el-vertigo.html</link>
<pubDate>Thu, 28 Jan 2010 12:47:40 -0300</pubDate>
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<dc:creator>Giro País</dc:creator>
<description><![CDATA[<p><img style="border: 0pt none; margin: 4px; float: left;" title="rgumucio.jpg" src="http://bligoo.com/media/users/1/94426/images/public/12707/rgumucio.jpg?v=1264693355907" width="84" height="115" />Por: Rafael Gumucio. Periodista y escritor.</p>
<p>(<a href="http://www.elpais.com/articulo/opinion/Chile/vertigo/elpepiopi/20100127elpepiopi_5/Tes">V&iacute;a
El Pa&iacute;s</a>)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me inscrib&iacute; en los registros electorales a los 18 a&ntilde;os para
votar por el No en el plebiscito que acab&oacute; con la dictadura de Pinochet en
1988. En todas las elecciones que han seguido he votado por <st1:personname productid="la Concertaci&oacute;n" w:st="on">la Concertaci&oacute;n</st1:personname> por <st1:personname productid="la Democracia" w:st="on">la Democracia</st1:personname> -la
coalici&oacute;n de centro-izquierda que naci&oacute; de la campa&ntilde;a contra el S&iacute; a Pinochet-,
la misma Concertaci&oacute;n que, con m&aacute;s o menos margen, ha ganado cada una de las
contiendas electorales a las que se ha presentado desde entonces.<br />
<br />
Esta victoria se hizo permanente para los que cumplimos 40 a&ntilde;os y no conocemos
otra democracia que &eacute;sta que gana-mos en 1988, parte misma de la realidad.
Crecimos con el pa&iacute;s, en los 20 a&ntilde;os m&aacute;s pr&oacute;speros de su historia, pensando que
era natural tener un mejor auto, una mejor casa, un mejor presidente que el anterior.
Crecimos sintiendo que era normal pactar, callar, esperar. Nos hicimos adultos
en un paisaje en que todo cambi&oacute; -costos, ritmo, niveles de vida-, menos la
coalici&oacute;n gobernante, siempre ah&iacute;: Aylwin, Lagos, Frei, Bachelet, los hijos del
golpe de Estado, los que, cargando con los traumas de un pasado tr&aacute;gico, se
cuidaron siempre de lograr acuerdos y evitar crisis.<br />
<br />
As&iacute; que la reciente victoria de la derecha en Chile es para mi generaci&oacute;n m&aacute;s
que un simple cambio de nombres y siglas en el poder. M&aacute;s que tristeza o
alivio, veo en mis amigos y compa&ntilde;eros de oficina una sensaci&oacute;n de v&eacute;rtigo que
crece con los minutos.<br />
<br />
Da lo mismo que en gran parte estas elecciones m&aacute;s que ganarlas la coalici&oacute;n de
derecha, las haya perdido <st1:personname productid="la Concertaci&oacute;n" w:st="on">la
 Concertaci&oacute;n</st1:personname> y su incapacidad para buscar un candidato
convincente. Da lo mismo que haciendo casi todo mal, <st1:personname productid="la Concertaci&oacute;n" w:st="on">la Concertaci&oacute;n</st1:personname> siga
convocando al 48% de la poblaci&oacute;n. Da lo mismo que la gran promesa de Pi&ntilde;era,
un hombre que vot&oacute; el No y se presume liberal, sea la de continuar con los
logros de la presidenta Bachelet. El v&eacute;rtigo sigue ah&iacute;. Un v&eacute;rtigo que explica
en gran parte los errores y la resignaci&oacute;n de <st1:personname productid="la Concertaci&oacute;n. Un" w:st="on">la Concertaci&oacute;n. Un</st1:personname>
v&eacute;rtigo que explica la prudencia y moderaci&oacute;n con que Pi&ntilde;era recibe el poder en
sus primeras horas de presidente electo.<br />
<br />
Con el fin de <st1:personname productid="la Concertaci&oacute;n" w:st="on">la
 Concertaci&oacute;n</st1:personname> terminan muchas, demasiadas certezas al mismo
tiempo. Lo hace, lo que es m&aacute;s extra&ntilde;o a&uacute;n, sin disparos, en completa, en
compleja, normalidad. Gobiernan ahora los que, marcados por un pasado de horror
dictatorial, parec&iacute;a que jam&aacute;s volver&iacute;an a gobernar en Chile. Lo hacen con
otros que no comparten el estigma de Pinochet. Hijos, como los que votaron por <st1:personname productid="la Concertaci&oacute;n" w:st="on">la Concertaci&oacute;n</st1:personname>, de
estos 20 a&ntilde;os de transformaciones sin precedentes que deja un pa&iacute;s que ha
crecido tres veces m&aacute;s que sus vecinos pero que es tambi&eacute;n uno de los m&aacute;s
desiguales del continente. Un pa&iacute;s en que la presidenta Bachelet goza de un
in&eacute;dito 80% de popularidad, pero que vota por quienes hasta hace poco pensaban
que no daba el ancho y hab&iacute;a que desalojarla como sea. Un pa&iacute;s que, seg&uacute;n las
encuestas, pide m&aacute;s Estado y protecci&oacute;n social pero vota por quien ha sido,
toda su vida profesional, un ferviente partidario del neoliberalismo econ&oacute;mico.<br />
<br />
Todas esas paradojas tan dif&iacute;ciles de entender habitan mi propia vida de un modo
&iacute;ntimo e inescapable. Estos 20 a&ntilde;os de Concertaci&oacute;n han convertido a la mayor
parte de mis amigos periodistas, escritores, cineastas, en peque&ntilde;os empresarios
y a m&iacute; en un mercenario del periodismo, las asesor&iacute;as de comunicaciones y los
discursos a pol&iacute;ticos y autoridades. Mi primo, hijo de uno de los hombres m&aacute;s
buscados por la dictadura, se present&oacute; como candidato a la presidencia apoyado
por j&oacute;venes que apoyaban esa misma dictadura que termin&oacute; por asesinar a su
padre.<br />
<br />
En este clima otro de mis amigos escribi&oacute; el gui&oacute;n de <st1:personname productid="La Nana" w:st="on">La Nana</st1:personname>, una pel&iacute;cula chilena
que triunfa en el extranjero y que habla justamente de lo poco que no ha
cambiado en Chile: las empleadas dom&eacute;sticas que se alojan en las casas de los
patrones como si fuesen parte de su propiedad. El mismo pa&iacute;s en que el hijo de
la empleada dom&eacute;stica que cuida a mi hija, estudia Derecho en una universidad
privada, cuyas mensualidades seguramente est&aacute;n pagadas a golpe de tarjetas de
cr&eacute;dito, esas mismas tarjetas que nuestro presidente electo, Pi&ntilde;era, fue el
primero en introducir en Chile y luego convirti&oacute; en la base de su fortuna.<br />
<br />
La enumeraci&oacute;n de estas contradicciones, de estas transformaciones vitales y
morales creo que explica en gran parte ese v&eacute;rtigo que me inmoviliza ahora
mismo. &iquest;Qui&eacute;nes somos? &iquest;Qu&eacute; hicimos bien? &iquest;Qu&eacute; hicimos mal? &iquest;Se puede separar
los logros de los fracasos, el Museo de <st1:personname productid="la Memoria" w:st="on">la Memoria</st1:personname> que recuerda las torturas y los
energ&uacute;menos que en la celebraci&oacute;n de Pi&ntilde;era cantan loas a Pinochet? &iquest;Qui&eacute;nes
somos? &iquest;Un ejemplo para todos los organismos econ&oacute;micos internacionales o una
verg&uuml;enza para todos los nost&aacute;lgicos de la revoluci&oacute;n? &iquest;Un pa&iacute;s ordenado del
Tercer Mundo, un pa&iacute;s desigual del Primer Mundo?<br />
<br />
S&eacute; yo que estos 20 a&ntilde;os han sido mi juventud. S&eacute; que ahora tengo 40 a&ntilde;os y
tengo que hacerme responsable de mis actos, sin padres, presidentes o
coaliciones que me protejan o salven. S&eacute; qu&eacute; me toca, s&eacute; qu&eacute; le toca tambi&eacute;n al
pa&iacute;s, la triste gloria de ser adulto.</p>]]></description>
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