
Pablo Neruda:
Hace dos días volví a entrar, después de una larga ausencia,
a mi casa de Valparaíso.
Grandes grietas herían las paredes. Los cristales hechos añicos formaban un
doloroso tapiz sobre el piso de las habitaciones. Los relojes, también desde el
suelo, marcaban tercamente la hora del terremoto. Cuántas cosas bellas ahora
barridas con una escoba; cuántos objetos raros que la sacudida de la tierra
transformó en basura.
Debemos limpiar, ordenar y comenzar de nuevo. Cuesta encontrar el papel en
medio del desbarajuste; y luego es difícil hallar los pensamientos.
Mis últimos trabajos fueron una traducción de Romeo y

























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